sábado, 11 de febrero de 2012

La muerte del general.

Un hombre perdido en su memoria,
enredado en un laberinto del tiempo.
Sentado en su habitación llena de huellas
mirando por la ventana la lluvia caer,
escuchando las paredes hablar,
espera a su preciado destino.
La tristeza consume lo que queda de él,
aunque sabe que todo esta perdido,
y que ya no hay nada porque luchar.
Siente como su alma lo abandona,
como sus latidos se apagan,
y sus crueles recuerdos lo matan.
Sus sueños pintan imágenes frías
y paralizan su débil corazón.
Su espejismo ilustra dolor y horror.
Su sombra es su única compañía.
Recuerda y llora por todos ellos
por los cuerpos que cuelgan en su espalda,
Recuerda y reza por su sangre y esencia.
Y aquí esta él en sus últimos días,
un hombre con los ojos bien abiertos,
que teme dormir en la oscuridad de la noche.
Dominado por un profundo miedo
no se atreve a luchar con su enemigo,
él colgó su escudo y guardo su espada.
Se entrega al destino en silencio,
sentado, observando, espera a la muerte.


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