Me tome unas vacaciones, dejé todo o casi todo mis hábitos, rutinas, costumbres....
Y en este pequeño tiempo, dejé de escribir. Y ahora, hoy, en este momento, muero por llorar.
Tengo un nudo en la garganta que pesa toneladas y me quiebra la voz.
Me olvidé que mi único desahogue lo hago cuando escribo.
Mi liberación depende de mi forma de expresarme, yo solo lo hago en silencio con una hoja y un papel, sin nombres.
En mi vacaciones me olvidé de varias cosas o al menos eso intenté, despejar mi mente al máximo.
Pinté, pinté mucho y con una gran variedad de colores que cubrieron mis miedos y taparon todos mis defectos.
Leí un libro maravilloso, que me atrapo y tuvo mi mente ocupada pensando en la historia, en las palabras y frases.
Vi la lluvia caer como nunca y la disfrute reflexionando.
Me senté tardes enteras en el pasto sintiendo como el sol doraba mi cuerpo.
Me levanté cada mañana sintiéndome un persona nueva.
Me llene de energía de todas las sonrisas que vi.
Cada noche me tome unos segundo para agradecer.
Extrañé a muchas personas.
Y me olvidé completarme de una, como si la brisa del amanecer la hubiese congelado. Tengo algún que otro recuerdo frágil y confuso. Me olvidé. Mi mente borro su rostro, sus gestos, su color de pelo. No recuerdo como me quería ni que amistad teníamos. Su ausencia disolvió lo poco que quedaba dejando un adiós suspendido en el aire, sin cortesía.
Por eso tal vez mis extrañas ganas de llorar, por eso la tristeza, la pena cuando me acordé que me olvide de vos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario