Me acorde del
color de tu pelo castaño todo revoltoso, de la mirada libre que poseías, de tu
vestimenta ligera, de tu sonrisa picarona, y tu tono de voz tan
sensual. Perdí la cuenta de las miradas que cruzamos, los suspiros
que te regalé, de las veces que agradecí a aquel bendito
bar en el que te encontraba todos los sábados y de las veces
que maldecí al destino por jamás haberte encontrado bajo los rayos
del sol. Noches interminables de excesos por donde mirabas
y en esas condiciones eran en las que yo te veía... hasta
doble! Fue una linda primavera, en la que me canse de mirarte y
vos seguro de sonreírme. Después de todo, entendí porque jamás
el destino nos acerco un poquito más, porque él es sabio y me tenía preparado
algo diferente a todo lo que había vivido hasta el momento.

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