miércoles, 20 de junio de 2012

Se había vuelto común.

Bajo la luz de neón los efectos se asomaban. Tomabas para olvidar y brindabas por una noche mas. Sonrisas que se transformaban en lagrimas, era común.

Y ahí estabas vos, mi pequeña princesita totalmente perdida en la noche. La música te lleva a los saltos y el alcohol te empapa el alma. Te me vuelves de cristal y ese cigarrillo te hace perder el equilibrio. Te quiebras en la calle debajo de la luz de la luna y luego sientes frio al recordar ese viejo amor que tanto adoraste y que en un abrir y cerrar de ojos perdiste. Tus ojos empiezan a brillan como el sol y caes en un mar de lamentos que no puedes olvidar ni un segundo y te carcomen constantemente la vida. Te culpas por todo lo sucedido aquella noche de noviembre y lloras desconsoladamente en el cordón de la vereda. Miras al cielo y maldices haberte enamorado tan joven, maldices que él  te haya convertido en su princesa y que la corona que te dio haya quedado enroscada en el engaño, en las sabanas de otro hombre. Agachas tu cabeza y pides perdón, prometes amor eterno y sincero al primer hombre que te vuelva princesa nuevamente.




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